Sunday, July 15, 2007
Los que me reprobaron (I): Lunes, Miércoles y Viernes; 8:30 am
Si cualquiera de esos días el Transantiago me atrasaba, no tenía que preocuparme: me tocaba Cálculo con Cortés. Podía llegar a la A3 tranquilamente a eso de las 8.40, y siempre el mismo puesto me esperaba. Es que si bien a principio de año la sala colapsaba, el “particular estilo” de mi profesor de cálculo hizo que muchos huyeran a otros lados, y que por lo tanto los poquitos que quedamos pudiéramos sentarnos con toda comodidad.
Nunca logré entenderle demasiado, pero aún asi, me motivó harto. Es un señor que se nota que ama lo que hace, a tal punto de hacer demostraciones “que no salen en ningun libro” y que “se le ocurrieron a las 3 de la mañana”. Lo que sea que te dijera, lo que sea, venía con una demostración incluída... demostraciones que las más de las veces me superaban por completo.
Podían ser de tan sólo líneas o pizarras enteras, y fue así, en medio de esta vorágine calculística, que aprendí a ver la belleza de las matemáticas y plasmarla en una frase: “bonito, ah?”.
Si yo pensaba que el otro Víctor que conocía, el de mi colegio, iba rápido, bueno, este Víctor de la U iba rápido++. Las ideas matemáticas salían de su cabeza a velocidades desorbitantes, tanto que era mejor tratar de entender que copiar. Eso sí, al ver que más de la mitad de sus alumnos se cambiaban de sección, le sacó la pata al acelerador... y empecé a entender un poquito.
Si hubiera aprobado, Cálculo II lo tomo con Cortés. ¿Por qué? Porque cuando fui a Carocca, el que todos aman, no le encontré ninguna gracia. Víctor Cortés tiene la capacidad de encantarte con lo que enseña, si es que uno tiene la capacidad (y la paciencia) para entenderle. Al menos para mí es fundamental que el profesor sea el primero en amar su conocimiento, porque si él no se cree su cuento, menos lo creería yo. Y esto, Cortés lo cumplía a cabalidad. Además, esa “manía” por demostrar TODO, me enseñó a no tragarme inmediatamente lo que me dijeran. Bueno, además para la gente que entendía las demostraciones probablemente fue un aporte a su comprensión de las matemáticas en su totalidad (no fue mi caso... más me confundía que otra cosa, pero al final les tomé el gustito).
Cortés respira cálculo, estoy segura, y por eso no dudaría en recomendar a este profesor.. aunque con un poquito de precaución.
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