¡Qué semestre el que acaba de pasar! Me lo adviertieron, es verdad, pero como sabiamente me dijo Guarini "ustedes nunca le hacen caso a los mayores". Como me había estado yendo tan bien, me sentí capaz de seguir estirando la cuerda: 60 créditos, selección de Judo y dos ayudantías sonaba más que razonable. ERROR!! Pero bueno, contemos la historia desde el principio.
Digitales. Digitales, digitales, digitales... Era el ramo "papa" de mi semestre!! Al principio no parecía amenazador, pero DIOS que I1 más asquerosa. Lo malo es que después de eso las cosas sólo se pusieron peores. Por más que estudiaba y estudiaba no daba pie con bola, y Digitales se puso cuesta arriba. Yo estaba segura que no podía sacarme una nota más baja que en la primera prueba. Ja-ja-ja!! Ilusa yo!! Casí me desmayo con mi nota de la I2. A esa altura yo ya estaba perdida, aunque los controles me salvaban bastante. Pero los calculos más optimistas arrojaron pésimos resultados: necesitaba un 55 en la I3 y un 55 en el proyecto. En vista de que mis notas anteriores no superaban el 2.3, el panorama se veía tremendamente gris para mí. Pero como estábamos viendo materia nueva y la I3 valía 40%, había una pequeña luz al final del tunel que decidí analizar con el profe.
El 25 de mayo, último día para botar ramos, fui a la oficina de Marcelo Guarini en el segundo piso de Eléctrica. A diferencia del mejor lugar del mundo, aquí había que avisarse con la secretaria, esperar que te abrieran una mampara de vidrio, y hacer hora hasta que se dignaran a recibirte. Luego de tomarse un café con sus colegas eléctricos, Guarini me hizo pasar. Me gustaría dedicarle un post entero a esa conversación, que pasó incluso por la computación y la programación, pero mejor vamos a lo medular:
- Profe, no sé si botar el curso.Le conté mis notas y se le cambió la cara, casi como de pena. Me preguntó que a qué atribuía yo eso, y le respondí sinceramente que no lo sabía. Estudiaba del Morris Mano, hacía los ejercicios y creía entender. Pero llegaba a las pruebas y colapsaba, como si todo lo que me preguntaran fuera nuevo. Guarini me miró con sus tremendos ojos azules, apoyó las manos sobre su mentón y me preguntó por mi carga académica. Le conté toda la verdad y casi se fue de espaldas. Me retó de una forma tan paternal que me puse roja (aunque lo de ponerme roja no es tan difícil..), y me aconsejó botar el curso. Es que si no iba a terminar el semestre muy mal, predijo.
- Mmm.. pero tú siempre vas a clases y participas.
- Y me gusta!! Pero me ha ido mal..
Ya cuando un profesor te dice que "retires voluntariamente", no hay mucho que hacer. Subi a la O16, y apreté el botón:
Primera vez que botaba un curso. ¡Tremendo alivio! Igual seguí yendo a clases como me había dicho Guarini, porque aparte me iba a servir para Arquitectura de Computadores (que tomé este semestre).
Lo de Judo fue un cuento similar. Estaba entrenando los lunes y miércoles a las 7 de la tarde y los sábados a las 11.30. Eran dos horas intensas++, mucha preparación física y combates. Yo era de las más chicas que iba (sin contar dos niñas escolares), y barrieron el piso conmigo como quisieron. Pero yo era feliz siendo apaleada, dentro de todo, porque sentía que estaba aprendiendo un montón (y además me estaba quedando un cuerpo de comercial =D). El problema era que llegaba molida a mi casa, apenas con fuerzas para bañarme, comer, y repasar algo de materia. A fines de mayo fui a hablar con mi Sensei, y le conté que el cuerpo no me estaba dando para tanto, ni física ni psicológicamente. Tan abatida me vio, que me dijo que no me preocupara por la asistencia y que no botara el curso (tenía inscrito Judo II). Prometí regresar este semestre, y le quedé tremendamente agradecida: me apareció un 6.5 como nota.
Continuará...