Friday, June 12, 2009
En un lugar muy muy lejano..
Cuando me percaté de lo que estaba haciendo, ya era muy tarde para arrepentirme. El Baticristo pasaba a mis pies y San Joaquín se alejaba.. o más bien, yo me estaba yendo. Con el metro tan lleno como puede estar a las 9 de la mañana, apretados entre un mar de gente con caras aleatoreas y debatiéndome entre el frío de afuera y el calor humano de adentro, partí con Tomás a Lo Contador, a su curso electivo en Diseño. Sí, es cierto que los viernes solamente tengo dos ayudantías, pero hasta el día de hoy me persigue la sensación colegial de "no faltes a nada" y por lo mismo, si bien me encantaba el plan de ir a conocer otro campus, sentía que no era "lo adecuado".
Decidí dejar de escucharme un rato y tratar de acomodarme entre la gente. Con un poco de esfuerzo pude dejar mi bolso en el suelo, y cuando ya lograba sentirme más cómoda, Tomás empezó con el mismo juego que me hace toda la gente que sabe que me muevo en auto: "Ya, dime, ¿qué estación viene después?". Es verdad que por lo general uso el Punto, pero les juro que ando en metro.. a veces!! Durante el TAV me sabía de memoria las estaciones y los tiempos entre ellas, porque mi auto estuvo todo enero en el mecánico. Pero bueno, había hecho un volcado de pila y en verdad no me acordaba que seguido de Santa Isabel viene Parque Bustamante.
Después de combinar en Baquedano y luego de un par de estrujamientos más llegamos a Pedro de Valdivia. A esa hora Santiago estaba despertando, con algunos locales abriendo y con un rico olor a desayuno que llenaba la calle. Me dejé guiar por Providencia, disfrutando del paseo, y sin escuchar a la voz interior que me decía "Dos ayudantías, te estás perdiendo dos ayudantías!!".
Bajamos por Pedro de Valdivia Norte y fue cambiando el paisaje, a algo mucho más tranquilo. Los bocinazos quedaron atrás, y a medida que nos internábamos en las calles el ambiente se iba aquietando. Seguimos caminando un rato, y de pronto atravesamos una pequeña puerta que conducía a un jardín: habíamos llegado a Lo Contador.
El sol, aún tenue a esa hora, iluminaba las bancas verdes y los pequeños naranjos que llenaban el patio central de la casona. Se percibía la humedad tipica de esas construcciones, heladas y un poco mohosas, pero eso no le quitaba ni un ápice de su encanto. ¡Nada que ver con San Joaquín! Tomás me guió hacia adentro, mientras yo, embelezada, absorbía todo lo que había a nuestro alrededor.
Sin salir de mi asombro, pasamos por unos pasillos y llegamos a una parte más moderna del campus. Si bien el concreto era el material predominante, igual se sentía esa calma intrínseca que me había inundado al llegar. Era impresionante lo distinto que puede llegar a ser comparando con el patio de Ingeniería: reggaeton, gente , mucha gente, corriendo y hablando fuerte. Esto era otro universo.
La clase de Laboratorio de Modelos y Prototipos, a la que nos dirigíamos, ya había empezado hace 45 minutos. Como era en el Auditorio de Diseño, con un poco de suerte podríamos escabullirnos y sentarnos piolamente. Tomás abrió la puerta, miró un par de segundos, cerró la puerta y me contó el plan:
-"¿Tienes personalidad?"
-"¿Así cómo para atravesar un auditorio con mucha gente?"
-"Así mismo"
-"... habrá que tenerla no más".
Volvió a abrir la puerta y entramos. Era más chico de lo que pensaba, pero también había mucha gente. Bajamos los escalones, pasamos al lado del profesor, y nos instalamos como en la mitad, junto a dos niñas que lijaban y pulían intensamente su entrega de esa semana. Nos saludamos con el resto de los ingenieros que estaban en el curso y mientras Tomás pulía y lijaba al estilo de nuestras vecinas, yo me puse a escuchar lo que decía el profesor.
Lo primero que me llamó la atención (aparte del fuerte olor a resina que había) fue que nadie tomaba apuntes. Ni un sólo cuaderno sobre la mesa, la gente se dedicaba a hablar y a trabajar en lo suyo. Al parecer, también, pescaban la clase de vez en cuando. El profesor estaba mostrando unos modelos funcionales de afeitadoras manuales "de esas que usa Michel Jordan", según sus propias palabras. En esta clase les estaban enseñando los distintos tipos de modelos que existen y su importancia a la hora de vender un producto. Vimos prototipos del Intelli-Mouse del Imperio y del Fiat 500 (DIOS, el auto feo!!), y de otras cosas más exóticas como lijas automáticas y la misma afeitadora manual de Jordan. Mientras tanto, la gente a mi alrededor se esmeraba en arreglar sus trabajos, que tendrían que entregar una hora después.
Pasaron un par de diapositivas más y se hizo el silencio: era hora de ver el detalle del examen del curso. Las manos dejaron de pulir piezas, y por primera vez vi a la gente prestando atención de verdad. Escuché términos como PAI, Vaccum Forming y otros que no recuerdo bien. Después (y ahí se prendieron todos los ingenieros) apareció Arquímides y su principio de empuje: tendrían que hacer un barco a partir de plantillas de madera, que soportara flotar derechito con dos kilos de arena. Luego de eso, las diseñadoras empezaron realmente a participar y a tapar al profe de preguntas. Creo que la que más me llamó la atención era una niña que alegaba que cómo les podían hacer entregar esa cosa el 10 de julio, que ya no había clases para esa fecha y todo eso. Amablemente un ayudante le recordó que íbamos a estar en pleno período de exámenes, por lo que no habia problema alguno con ese día. Otra, preguntó si el modelo tenía que quedar "bonito".
Luego de resolver las interrogantes se procedió con la corrección de las piezas que pulían y lijaban al comienzo de la hora. La orden era dejarlas encima de la mesa junto con el molde (eran piezas de ajedrez) y un "tape" con el nombre, y salir de la sala. Al parecer la cinta es un bien preciado para esta gente, porque nadie prestaba y había muy poco. Tomás e Ignacio, su compañero, optaron por lo sano y escribieron sus datos en una hojita, que el mismo molde como pisapapeles sostuvo. Me fui a mirar la barcaza que el profesor había llevado de muestra, y para mis adentros agredecí no tener que tomar este ramo. Probablemente no sea tan dificil como parece, además que les dan infinito tiempo para hacerlo (de hecho, Tomás ya ha postergado dos semanas una entrega de un modelo de plumavit de una cámara fotográfica), pero aún así me imagino peleando para que la cosa quede derechita, y bonita, y más encima flote. No, gracias, me quedó con mi Visual Studio.
Salimos de la sala como nos habían dicho y seguimos caminando por Lo Contador. Los niños habian dejado un guante de latex lleno con resina y lo fuimos a buscar. Quedaron 3 dedos y el meñique se salió, pero el efecto era filete igual. Perfectamente se podría haber metido en un guante de vestir y haber saludado a alguien, para luego irse y dejar al desprevenido con una mano de resina.
Fuimos a buscar la pieza de regreso a la sala. Había terminado la clase, y como ni Tomás ni yo teníamos muchas ganas de devolvernos, seguimos dando vueltas por ese campus tan lindo. A pesar de la hora no había nadie circulando, lo cual aumentaba esa sensación de tranquilidad generalizada. Pensé en mi edificio San Agustín, en lo mucho que me gusta.. y en lo increible que sería que estuviera aquí. Mientras me maravillaba por enésima vez con los naranjos y las banquitas, cruzó fugaz la idea de cambiarme a Diseño.. o al menos de tomar un par de electivos en Lo Contador.
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9 comments:
Vamos, si es ahí no más.
Yo una vez fui para allá... a programar. ¿Qué te parece?
=O!!
Eres digno de toda mi envidia. Ese es como mi sueño.. alguna vez lo haré.
Hola!
Bueno, siendo éste mi primer comentario en tu blog, me limitaré a acotar que te faltó la parte en la que fuimos a comer pizza y helado, donde te derroté 3 veces seguidas en el gallito Inglés (12-1 >=D).
De verdad que la pasamos súper bien, no puedo recordar cuánto nos reímos (si hasta buscar la pizzería fue entretenido xD)
Ojalá lo repitamos pronto ^^!
Pd: No recuerdo que te hubieras resistido tanto a que te raptara... y el auto no era un fiat 500, era una cosa horrible que nunca pasó por un salón (de hecho me llamó mucho la atención que el profe dijera que fue todo un logro en términos de diseño pese a que fue tremendo fracaso a nivel comercial.. y estético XD)
Ah, me falto decir que podríamos ir a programar alguna vez ahí, si es que te interesa la idea =P
Una cosa es ir y sentarse con el notebook a programar. Otra es que te llamen para que les ayudes. Tal fue mi caso :P
(Tuve que programar círculos de centros, radios y colores aleatorios proyectándose en un lienzo, al tiempo que un teclado midi producía notas... también aleatorias.)
Suena como una experiencia bastante.. aleatoria. Me agrada.
Y lo del fiat 500 fue netamente resultado de un googleo de "fiat design study case" porque la memoria no me acompañó para el modelo exacto. Pero cuando suban las diapositivas de esa clase voy a buscarlo y lo pondré acá, porque era demasiado feo.
Interesante experiencia, algún día me gustaría visitar universos paralelos como ese...
"Intelli-Mouse del Imperio"?... Hablar en términos de imperio o imperialismo me suena a marxismo-leninismo puro... Cada día me convences más que el Open Source es una forma de comunismo (dándole la razón al Sr. Ballmer), te estás refiriendo a las grandes empresas del software propietario (en especial a Microsoft) en los mismos términos en que gente como Castro, Chávez o el régimen norcoreano se refieren a U.S.A...
De todas formas, no dejas de reconocer implícitamente que OCIFINGAM se oidutS lausiV...
Para terminar, quiero hacerte notar por n++ésima vez que el San Agustín es mucho más que el DCC (algo que olvidas con mucha frecuencia)...
Saludos,
Mario...
Jajajajajaja!! "Vayan al San Agustín, está al lado.. es gratis!!"
No importa que coexista otro departamento, el edificio entero es en verdad nuestro.
En realidad creo que como tengo cursos de los 2 departamentos que están ahí el edificio es mio >=P, así que voy a comenzar a cobrar por el acceso xD.
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